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“Escribir un libro es un viaje de ida”

  • marianazabalaconde
  • 6 abr
  • 2 Min. de lectura

“Escribir un libro es un viaje de ida”, me dijo un autor al pasar. Hacía exactamente un año había presentado en sociedad su primera criatura, un trabajo que recorre, en 220 páginas, lo esencial de su aprendizaje acumulado en 25 años de carrera profesional.


Lo decía con una profunda satisfacción y recordando una frase que le comenté al comenzar el trabajo juntos: “Vas a comprobar que un libro es un puente y yo te voy a ayudar a construirlo”.


Ambos nos reímos con la satisfacción de comprobar cómo había crecido aquel proyecto que se gestó en seis meses. Y yo me quedé mascullando: pensar que dudó en hacerlo, amedrentado por el síndrome del impostor, aun cuando era evidente su saber acumulado y su intención de compartirlo para hacerlo crecer.


Con el libro, su capital de conocimiento adquirió una segunda vida. Logró sintetizarlo en conceptos sólidamente elaborados, a la vez que compartir lecciones aprendidas y anécdotas que terminan de insuflar esa valiosa historia profesional. Tras escribir su libro, concluyó que había ganado en autoconocimiento y en fortaleza para potenciar la que ya avizoraba como una siguiente etapa de su carrera: comunicar quién es y qué valor puede aportar más allá de su ámbito de actividad más próximo.


Para un profesional o referente en cualquier área, un libro es su tarjeta de presentación definitiva. La que genuinamente termina de decir: este soy yo, este es mi aporte, por este camino quiero ir. Como herramienta de posicionamiento, oficia de llave para muchas puertas que es posible abrir, ahora de una forma más llana y sencilla. De hecho, un libro hace que las puertas se abran solas.


Estoy feliz de comprobar cómo, día a día, a partir de la publicación de su libro, los autores son invitados a dar charlas o ellos mismos pueden organizar presentaciones a medida para públicos específicos, valiéndose de todo o parte del contenido volcado en esas páginas. Es como un doble clic que activa todo el ecosistema de comunicación y vínculos en torno a su área de interés, y aun más allá.


Sin duda, conlleva la satisfacción de haber concretado un objetivo que parecía gigante y que, sin embargo, escalón a escalón, puede alcanzarse. Y la mía, como editora, por tutorear ese esfuerzo por alcanzar la cumbre, mostrando el camino más adecuado y funcional.


Sí, definitivamente, escribir tu propio libro es un viaje. Íntimo y compartido al mismo tiempo. Y lleno de oportunidades. Ojalá te entusiasmes y compartas esa “loca” idea que te está llamando.


Posdata: el autor que mencioné cerró la conversación con un “mirá que ya estoy escribiendo el segundo…”. Me reí y quedé doblemente feliz. No sé si era consciente, pero ya había germinado en él una segunda profesión.

 
 
 

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