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Verano: el anzuelo para la lectura

  • marianazabalaconde
  • 23 ene
  • 3 Min. de lectura


 

“Quiero reenganchar con la lectura, pero no logro hacerme el tiempo”. Esta frase resuena casi todo el año y el verano suele traer la esperanza de que haya llegado ese momento. Para algunos porque sueñan con verse protagonistas de la postal: playa, más sombrilla, más libro. Para otros porque el reseteo ―o su intención― que supone en muchos sentidos el comienzo de un nuevo año incluye comenzar a saldar esa “deuda pendiente” de la lectura.

Soy partidaria de cambiar el “tengo que” por el “qué bien me hace”, por ejemplo.

Pero más allá de enfoques emocionales, lo cierto es que la lectura y el verano hacen un buen maridaje por muchas razones. Aquí señalo algunas.


Descanso. Si estás de vacaciones, estás en modo reposo, o al menos a eso aspiramos todos. Pero la ansiedad y la inquietud con que cargamos todo el año no son fáciles de pausar de la noche a la mañana. El libro en mano nos ayuda a “bajar”, estamos “haciendo algo” ―leyendo―pero en un modo renovado, más introspectivo, sin urgencias, sin búsqueda de resultados. Un libro que nos agrade es el portal para la imaginación, el conocimiento, la reflexión o la distensiónl.


Papel. Por supuesto, estoy hablando del libro papel, que es el formato que mejor nos conecta con la experiencia de la lectura. Numerosos estudios afirman que permite una comprensión más completa y mejor asimilación de textos largos y profundos. Por otra parte, las páginas de papel activan casi todos los sentidos, logrando una práctica más inmersiva y emocionante. Aclaro que soy hincha del libro digital para múltiples usos y circunstancias, pero nos perdemos la instancia de conectar con el objeto, ajarlo, marcarlo, apretarlo contra nuestro cuerpo mientras tomamos un respiro mirando a la nada misma. Por otra parte, ya tenemos bastante multi-pantalla todo el día. Un libro papel permite atención plena.


Entrenamiento. Todos concordamos en que leer es un buen hábito, pero nos cuesta entrar en ese training. Hablo de leer un libro, porque leer leemos todo el tiempo por trabajo, por seguir las redes, etc. Lograr terminar un libro que fue fiel compañero durante tres o cuatro días de descanso es una excelente puerta de ingreso a la adopción de ese hábito. Cuando terminamos ese libro que de verdad nos agradó, queremos seguir con otro, y así. Aprovechar ese envión es un gran auto-regalo al que le daremos hospedaje definitivo en nuestra mesa de luz.


Diversidad. Hay quienes están esperando que llegue el verano para despacharse con una lectura liviana. No en vano los libros del horóscopo chino fueron los más vendidos en no ficción por años. De verdad, no importa lo que lean, pero lean. Lo que les guste, lo que les haga sentir bien, el título que les sea útil o el que se debían hace tiempo. Por supuesto que hay libros excelentes y otros que distan bastante de serlo, pero el mundo de la lectura tiene muchas puertas de entrada, el asunto es traspasar ese umbral que conduce a una cadena infinita.


Libertad. Un libro no nos pone límites, ni nos marca tiempos, ni promete entregables. Podemos dejar un libro por la mitad, si no nos seduce, o quizás darle más adelante una segunda oportunidad. Podemos incluso leer más de uno al mismo tiempo, alternándolos de acuerdo a nuestro humor y disposición. Otra práctica que personalmente disfruto es intercambiar libros con alguien ―tu pareja, una amigo…―; así una vez que uno termina toma el del otro y se genera esa instancia de compartir impresiones, comentar sensaciones… además de ser una práctica sostenible es sobre todo una fuente de conversación y reflexión.


Si ya volviste de tus vacaciones, también estás a tiempo: tomá estos tips para aplicarlos un fin de semana, o una tardecita calurosa que merecés estirar.

 
 
 

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